Con la llegada de la Web 2.0 llegaron las Redes Sociales y la creación de miles de personalidades virtuales. Pero, si la vida había llegado a Internet, la muerte no tardaría en aparecer. Perfiles conmemorativos, lo más parecido a la versión online de un cementerio. Max Kelly, responsable de seguridad de Facebook, anunciaba en el blog corporativo que “Cuando alguien nos deja, no abandona ni nuestra memoria ni nuestra red social”.
Los perfiles de los difuntos son privados y, para cambiar el estado de un usuario al de muerto hay que demostrar que se conocía a esa persona e incluir una prueba de muerte (una necrológica por ejemplo). Dicen que de esta forma se evitará que la gente tenga que ver constantemente las antiguas fotos y comentarios de sus seres queridos. Además, se han dado casos de personas a las que se animaba a sugerir nuevos contactos a amigos ya muertos.
